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¿Pagar por la IA protege más los datos?

Cada vez más profesionales y empresas usan asistentes de inteligencia artificial para redactar, resumir o resolver dudas. 

Un estudio de IMDEA Networks ha analizado los asistentes de IA más utilizados y si contratar una cuenta de pago cambia el panorama.

El problema práctico

Una persona abre un asistente con una cuenta, gratuita o de pago, y pregunta por un contrato en negociación, por el caso de un cliente o por la situación de un paciente. Da por hecho que la conversación queda entre ella y la herramienta.

El estudio, titulado "Prompt like a Butterfly, Sting like a Tracker: A Privacy Analysis of Web and Mobile Conversational AI Agents", indica que no siempre es así. 

Todos los asistentes analizados se conectan con al menos una empresa externa de publicidad, medición de audiencias o análisis de uso, los llamados trackers o rastreadores. Esto no implica por sí solo un uso indebido porque algunas conexiones sirven para detectar errores o gestionar pagos. Lo relevante es qué información viaja.

Cada conversación recibe un título automático que resume su tema. El estudio muestra un ejemplo: 

  • Una pregunta sobre cuánta hipoteca puede permitirse alguien con un sueldo de 85.000 dólares acabó convertida en "Mortgage affordability on $85k salary in NYC". 

Los investigadores observaron que, en varios asistentes, títulos de este tipo llegaban a empresas externas junto con el enlace de la conversación y, en algunos casos, identificadores de la persona usuaria. No hace falta leer el chat entero para saber de qué trata ni, a veces, de quién es.

Pagar tampoco cambia el panorama porque las cuentas gratuitas y las de pago individual, se conectaron prácticamente con las mismas empresas externas.

A ello se suman los enlaces para compartir conversaciones. Todos los asistentes los ofrecen, cualquiera que los tenga puede abrirlos sin usuario, ni contraseña y en algún caso, las conversaciones eran públicas por defecto.

El marco aplicable

La normativa europea opera en dos planos:

  1. Los dispositivos: la Directiva 2002/58/CE (ePrivacy, art. 5.3) y, en España, el artículo 22.2 de la Ley 34/2002 (LSSI) exigen consentimiento informado previo para guardar o leer información en el equipo del usuario, como cookies, píxeles u otros identificadores, con fines publicitarios o de análisis.
  2. Los datos personales. El Reglamento General de Protección de Datos (RGPD) exige informar de quién los recibe (arts. 13 y 14), una base jurídica para cada tratamiento (art. 6), un contrato cuando el proveedor trata datos por cuenta de la organización (figura conocida como encargado del tratamiento - art. 28), y garantías si salen del Espacio Económico Europeo (arts. 44 y ss.). Si las conversaciones incluyen salud u otras categorías especiales de datos, se añade el artículo 9.

Para una organización, la consecuencia es práctica en tanto que si una persona trabajadora se abre una cuenta personal y la utiliza en su día a día, esa cuenta no ha sido contratada por la organización por lo que no se controla desde la entidad sus ajustes de privacidad, ni tampoco, el entrenamiento de esa IA  con esos datos introducidos de la organización ya que lo que se introduce en estos sistemas, puede estar sujeto a secreto profesional o a cláusulas de confidencialidad con clientes. 

Cómo tener una buena gestión de herramientas IA en la organización

  1. Contar con un Código Ético y Políticas de uso de IA. 
  2. Inventariar qué herramientas de IA se pueden utilizar (incluyendo las no autorizadas para que quede constancia).
  3. Fijar normas de uso: es decir, aquella información que nunca debe introducirse en cuentas autorizadas (por supuesto, menos en la no autorizadas) y la prohibición de compartir enlaces de dicha conversación si por algún casual se hubiera producido. Esto en un entorno corporativo se puede traducir en: proporcional al personal un contrato de tratamiento de datos, uso de las conversaciones específicas aprobadas para entrenar modelos IA, ajustes en la compartición de las cuentas corporativas IA, definir qué terceros pueden recibir dicha información y la ubicación de los datos transferidos.
  4. Formar al personal trabajador y revisar periódicamente que se cumplan las normas de uso aceptadas. 

Errores frecuentes

  • Pensar que pagar una cuenta protege más.
  • Confiar en rechazar las cookies: ya que aún rechazándolas, ocho de cada diez servicios de seguimiento de terceros seguramente sigan activos. (Es más, en los dispositivos móviles el banner de configuración de cookies, ni siquiera suele aparecer.)
  • Suponer que un enlace compartido es privado.
  • Dar por bueno un entorno corporativo sin antes haber sido revisado.

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Redactado por Julia, a fecha 23 de octubre de 2026.


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